LA VIDA DE JACQUELINE DE RIBES

Conoce todos los detalles de la muestra sobre Jacqueline de Ribes en Nueva York

Por Nicole Balansky, Fotos de Cortesía | 15 noviembre, 2015

Retrato ICONICO por Avedon
Jacqueline y YSL
Junto a Diana Vreeland
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Este jueves 19 de noviembre el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York inaugura la muestra de Jacqueline de Ribes.

Musa de Yves Saint Laurent, quien la llamaba ‘Jirafita’; de Emilio Pucci, para quien era ‘Unicornio de marfil’ y adorada por Valentino, que la apodó ‘La última reina de París’, la condesa Jacqueline de Ribes ha trabajado mano a mano con el Met Museum para armar la muestra que le rendirá honor como ícono de estilo.

Cuando la condesa Jacqueline de Ribes tenía 19 años, se casó con Édouard de Ribes y tenía dos vestidos en su closet. “La vida ha mejorado un poco para ella, porque ahora tiene 200”, dijo su marido cuando el Gobierno francés la ordenó Caballero de la Legión de Honor por su labor cultural y filantrópica en el año 2010. Pero el conde se quedó corto. La colección de alta costura y prêt-à-porter de la aristócrata y socialitè francesa bordea las 400 piezas y una selección de estas estará expuesta en el Costume Institute del Museo Metropolitan de Nueva York.

Ver esta colección es un lujo, es ver la historia universal a través de la fascinante vida de esta mujer. Jacqueline Bonnin de la Bonninière, hija de los condes de Beaumont, nació el 14 de julio de 1929 -en el aniversario 140º de la toma de la bastilla. Dieciocho años después, sobrevivió a la ocupación de Francia durante la II Guerra Mundial y su vida cambió para siempre: conoció el atelier de Christian Dior gracias a su tío, el conde Étienne de Beaumont, donde inició su relación con la moda y el diseño. Gracias a aquel encuentro con el creador francés, siguió nutriendo su interés por la moda hasta llegar a conocer a Diana Vreeland. Poco tiempo después, a los 19 años. en una fiesta, conoció al que aún hoy es su marido, Édouard Vizconde de Ribes. “Vi a esta gacela e inmediatamente me enamoré de ella”, dice él siempre sobre su primera impresión de ella.

Jacqueline no solo era una mujer que sabía vestirse bien. Su físico único es otra característica que la convirtió en la reina de la sociedad. Su suegro, el conde de Ribes, la describía como “un cruce entre princesa rusa y chica del (cabaret) Follies Bergère”, por su elegancia y clase natural condimentadas por su espíritu libre e inagotable. Así, se convirtió en el alma de todas las fiestas y encuentros sociales desde el París de la posguerra, al Nueva York de los cincuenta o la Ibiza de los años sesenta. Era delgada, con piernas largas y fue su perfil egipcio lo que enamoró a Saint Laurent en París y a Diana Vreeland en Nueva York, con los que mantuvo relaciones muy cercanas. En su primer viaje a NYC, la condesa conoció a la poderosa editora de Harper’s Bazaar y ésta arregló una cita con el fotógrafo Richard Avedon, de la que salió la imagen más icónica de la aristócrata: de perfil, con su largo cuello, su nariz altiva, su espesa melena trenzada, y un maquillaje que agrandaba sus ojos almendrados. Con la ayuda de Vreeland, la Condesa encontró su estilo de esfinge egipcia, orgullosa de un perfil nada convencional. “Siento pena por las casi bellezas de pequeña nariz”, dijo Avedon después de fotografiar a la Nefertiti francesa.

En su siguiente viaje a Nueva York conoció al diseñador Oleg Cassini que, enamorado del estilo de la condesa, la invitó a colaborar en sus colecciones. Ella, que siempre soñó con diseñar, aceptó encantada y después de casarse, empezó a trabajar para Cassini y Pucci. En 1956 dió su primer salto a la fama cuando apareció en la lista de Eleanor Lambert de las mejor vestidas del año. Para ese entonces, contaba con unos cuantos vestidos couture y varios diseños propios. Ya en 1962, fue introducida al International Best-Dressed List Hall of Fame y veinte años después presentó su primera colección propia con el apoyo de Yves Saint Laurent. Lo hizo en París, donde contrató a un joven para bocetar sus ideas, un joven llamado Valentino. Su sensibilidad estética la convirtió en una visionaria capaz de reconocer talentos y tendencias -tal vez antes que la mayoría. Incluso, escribió una columna en Marie Claire en los setentas. Fue entonces cuando empezó a coleccionar y clasificar todos sus vestidos de alta costura, a los que añadió sus propios diseños.

Harold Koda, el comisario de la exposición del Metropolitan, y la condesa llevan años seleccionando entre las más de 400 piezas de vestuario, más joyas y accesorios, que guarda en habitaciones de su piso de París, perfectamente planchadas y ordenadas por su mayordomo, Dominique. Según cuenta Koda a WWD, ha sido fascinante. De todas aquellas piezas, el público verá 60, perfectamente conservadas, de diseñadores como Giorgio Armani, Pierre Balmain, Bill Blass, Marc Bohan, Madame Grès y Valentino Garavani. No se lo querrán perder.